diumenge, 11 de gener de 2015

Presentación de la imagen de Jesús




Jesús sabía lo que iba a ocurrir, ningún acontecimiento le sobrevino por sorpresa y así lo hace constar Juan en 18,4. También nos hace constar de que parte está Judas.
En 18,5, “…Jesús les dijo: Yo soy” veo a un hombre valiente, que sabiendo cual será su destino, se enfrenta a él con toda dignidad y sin temor a pesar del sufrimiento que sabía tenía que padecer y con autoridad (18,6) “…y cayeron a tierra” Fueron a arrestar a un hombre humilde e indefenso del pueblo pero encontraron un majestuoso personaje lleno de poder.

Jesús vuelve a preguntar a quien buscan y vuelve a responder “Yo soy”18,8 , “Dejad id a estos”, incluso camino de la muerte, Jesús se preocupa por sus discípulos, siente misericordia por ellos y desea salvarlos para cumplir así la profecía “de los que me diste, no perdí ninguno” (18,9)

En 18,11 veo a un Jesús consciente de su sumisión al plan del Padre. El sufrimiento viene del Padre y Dios tiene el control de todo, a Jesús solo le queda en estas últimas horas de vida, seguir el plan de Dios.
En 18,23 Juan nos recuerda la importancia del testimonio: “testifica en que está el mal” es un llamado a actuar de forma debidamente legal.
En general la imagen de Jesús en estos pasajes me muestran a un hombre sencillo pero con la autoridad de Dios a la vez y el deseo de que sea cumplido el plan de Dios para el y la humanidad, a pesar del sufrimiento que sabe va a padecer.

Los judíos decían de Jesús que era un malhechor (18,30) aunque Pilatos sabía que no había cometido mal alguno e intentó salvarlo, ya que no haya delito alguno en él (18,38)
Los judíos también dicen de él o mejor dicho: le acusan de haberse hecho a si mismo “hijo de Dios” (19,7).
También que no es “rey de los judíos” 19,15 y que su único rey es Cesar.

Anás, suegro de Caifás (aunque fue depuesto por los romanos en el año 15 D.C.  algunos aún le consideraban el sumo sacerdote),  interroga a Jesús acerca de su doctrina, de sus palabras (18,19) intentando buscar una acusación sólida de su supuesta culpabilidad, pero no puede acusarle ya que no dispone de testigos que prueben esa base de culpabilidad y no se le exigía al acusado demostrar su inocencia. Quizás Anás consideró esto como un interrogatorio preliminar y no como un juicio.






Fuente: Reina Valera de estudio 1960


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